Un Bolívar para ver y contar…

dumek-editorial2Por Dumek Turbay Paz *

Para un bolivarense enamorado de su tierra como yo, que desde niño comenzó una larga travesía por la maravillosa geografía de este departamento, es no solamente satisfactorio sino una oportunidad de oro poderles presentar este Bolívar que se ve y se cuenta solo.

Bienvenidos a este Bolívar que renace cada día, un Bolívar en el que se respira paz en cada uno de sus rincones.

Voy a comenzar por Turbaco, remanso de verdor y frescura donde nuestro Libertador encontró la paz y el sosiego que su humanidad requería. Turbaco es el balcón desde donde se vislumbra la inmensidad del Caribe, con la Heroica Cartagena de Indias como gigantesco adorno salido del mar y al hablar de su gente hay que destacar a los turbaqueros como gente amable y pujante que siempre nos recibirá con los brazos abiertos para mostrarnos sus frescos arroyos y sus inmensos jardines.

Sin duda, también tengo que hablarles de San Basilio de Palenque, cuna de la libertad americana, de grandes luchadores y deportistas, la tierra de nuestro campeón mundial de boxeo Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’, de cantadoras y bailadoras de bullerengue y lumbalú; una tierra bendecida a golpe del tambor.

En María la Baja se extasiarán con la inmensidad de la ciénaga y la exuberancia vegetal de esta despensa agrícola del departamento. Podrán hacer turismo acuático, senderismo, avistamiento de aves y lo mejor de todo: turismo cuentero. Escucharán a Pedro Pérez Palacio, más conocido como ‘Pecho Pelúo’, hablar de su encuentro con la ‘Mohana’ que según él, fue quién le torció el destino; verán a Candelario Jaramillo, quien se viene desde Mahates a contar su secreto para hacer bailar las culebras. Si tienen tiempo, seguramente se encontrarán con ‘El Pocheche’, la emisora ambulante de María la Baja.

Ni hablar del corazón de  los Montes de María, San Juan Nepo, San Jacinto y mi Carmen querido tierra de amores. Allí les aseguro que enloquecerán ante la variedad de planes y la gran oferta de productos autóctonos: podrán ir al parque Los Colorados con su fauna alucinante, o comprar ñame en San Cayetano. Podrán ver el espectáculo de la neblina de la alta montañay luego bajar a comprar las famosas galletas Chepacorinas y aguacate, mientras su gente amable lo entretiene con un tinto escuchando de fondo un porro alegre de Lucho Bermúdez.

Para conocer las manos mágicas de quienes tejen las reconocidas hamacas el destino es San Jacinto, la tierra que hizo a un hombre soñar con una “Hamaca grande donde el pueblo vallenato meciéndose en ella cante”, tierra de gaiteros y música de acordeón. Allí encontraremos el regalo perfecto para llevar al exterior un pedazo de Colombia convertido en una artesanía típica de esta región.

Y para ver la inmensidad el río Grande de la Magdalena, qué más que Magangué y Mompox tierra de Dios, “en donde se acuesta uno y amanecen dos. Y si sopla el viento amanecen cientos. Y si vuelve a soplar ya no se pueden contar”. Ser testigo de un atardecer bolivarense mientras se disfruta una cazuela de bagre en la albarrada magangueleña es insuperable.  Y si quiere turismo religioso de categoría mundial, la Semana Santa de Mompox; si quiere jazz del bueno entonces el Festijazz de Mompox y si quiere conocer a los herederos de los maestros que le enseñaron al coronel Aureliano Buendía los secretos para hacer tejidos en hilos de oro pequeños pescaditos, pues vaya a Mompox y quedará completamente enamorado de esta tierra.

Estoy seguro de que una de las más llamativas fotografías para compartir con nuestros amigos en las redes será la ‘selfie’ bañado en el lodo del Volcán del Totumo en Santa Catalina, donde podemos también conocer de cerca a los famosos monos titíes cabeza blanca en la reserva El Ceibal y, de regreso a Cartagena, hacer la parada obligatoria en Lomita Arena para disfrutar una deliciosa carimañola.

Puedo pasar todo el día y gastarme todo el papel del mundo hablándoles de mi Bolívar, de su Bolivar, de ese Bolívar grande que tanto nos inspira, pero mejor los invito a que hagan sus maletas y comiencen a hacer turismo del bueno, a disfrutar esta “Ruta de la Paz” porque para eso tenemos un Bolívar para ver y contar.

* Gobernador de Bolívar

 

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