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Por Moraima Salom Villalba

Uma memória a ter-se masnão aquela que o futuro impeça

Ruy Darte de Carvalho, Poeta portugués

(Una memoria para tener pero no una que impida el futuro).

Fue el tema de la IV edición  de la Beca Internacional de Periodismo Cultural Gabriel García Márquez que tuvo como invitados (as) a Ellah Wakatama Allfrey (Zimbabue) y Luis Rafael Sánchez (Puerto Rico). El Palacio de la Inquisición de Cartagena de Indias fue el escenario de la charla, moderada por Javier Ortíz Cassiani, la cual se centró en la literatura contemporánea que se escribe hoy en África y cómo la migración en Puerto Rico le ha dado sentido a sus letras.

Los escritores actuales no quieren referencias que vengan de una generación anterior. Lo que se escribe al día de hoy en África no es un texto hacia Occidente, hay poco interés en la experiencia colonial porque muchos países han tenido hasta 30 o 40 años de independencia que tiene que ver con la experiencia reciente, sobre qué posibilidades se tienen en la actualidad, manifestó Wakatama. Y agregó: los puntos de referencia, no necesariamente, van hacia atrás -algo que para ella es bueno – “porque quiere decir que hay una explosión de nuevas consideraciones y nuevas preguntas”.

En 1960 África vivió importantes cambios políticos: diecisiete países declararon su independencia y en ese mismo espacio de tiempo se vivió una excitación cultural con un derroche literario acompañado del surgimiento de nuevos sellos editoriales, revistas literarias y concursos. Desde entonces la literatura africana ha estado iluminada por un reinado de gran abundancia y reconocimiento internacional.

En el Hay Festival de Cartagena de Indias (2015), Wakatama habló sobre esta efervescencia en las letras, especialmente de aquellos escritores que viven fuera del continente. Hoy, su trabajo como editora consiste en apoyar las voces de nuevas historias contadas por autores radicados en el continente, cuyos textos están vinculados con la realidad social y no tanto con la ficción, y que además tienen pocas posibilidades de publicar. Ya lo había expresado WoleSoyinka (primer africano en ganar un Nobel de Literatura, 1986): “la función primaria de la literatura es captar y ampliar la realidad”.

En el Caribe es poco lo que se conoce de esta literatura, pese al influjo de la cultura africana en la música, la religión y en la lengua. Es una relación poco explorada, puesto que “se estima que entre 1650 y 1850 ingresaron en el Caribe unos 12 millones de africanos esclavizados” (http://www.enciclopediapr.org/esp/article.cfm?ref=12050905). La pregunta, entonces sería: ¿cómo llegar a una articulación entre la literatura africana y la caribeña?

En el momento en que Wakatama expresó que estaba cansada de hablar de los mismos escritores de siempre que van al África una temporada y escriben sobre el continente, es como si quisiera desmitificar la historia, los comportamientos y las mentalidades. Y agregó: “no puedes ignorar el resto del mundo, pero no puedes interesarte solo por Occidente”. Y citó que es más interesante estar pendiente de lo que va a escribir un periodista de Nigeria que estuvo en Cartagena de Indias.

La Beca que incluía un viaje a Palenque de San Basilio (Bolívar) como trabajo de campo, le dio motivos a Wakatama para pensar que África es solo un lugar imaginario, que no tienen precisión sobre un país en especial ni lo que sucedió allí. Porque “¿qué saben los africanos sobre lo que realmente pasó en este transplante en el Nuevo Mundo, en los confines de lo inimaginable?”, se pregunta Zakari Dramani-Issifou en su libro “África y el Caribe: destinos cruzados”. El panafricanismo es la tendencia por la cual se siente comprometida Ellah Wakatama para narrar al África con otra mirada que revalúe la historia y combata los estereotipos.

Mientras que el escritor Luis Rafael Sánchez problematiza la realidad de Puerto Rico desde su situación colonial con Norteamérica y la diáspora que esta ha provocado. De allí que ha acuñado la frase “la guagua aérea” para relatar el viaje entre San Juan y Nueva York.  Guagua es un bus para los puertorriqueños. El escritor ha tomado la palabra como un símbolo para referirse a los aviones que diariamente viajan de San Juan a Chicago, Nueva Jersey, Boston o Florida.

Manifestó que, aunque se piense que siempre se debe mirar hacia el Norte que es progreso porque el Sur es el atraso y la dictadura, “hay que romper el clisé de lo que somos, romper con el clisé de la modernidad occidental para escribir sobre el Caribe, porque creemos que la relación con Norteamérica nos hace más modernos y no es así”. La modernidad -señala Sánchez – se vive distinto en los diferentes lugares.

Igual que Wakatama, lamentó que mucha gente que solo pasa unos días en la isla o incluso no se bajan del crucero tienen la tentación de reducir el Caribe. Y para él existen muchas maneras de relacionarlo; por eso se refirió al libro de Germán Arciniegas ‘Biografía del Caribe’, pues el Caribe no es uno solo. Cuba, República Dominicana o Puerto Rico no son lo mismo. “Existe una unidad geográfica, pero no social. No hay un Caribe, hay montones de Caribes. Lo mismo ocurre con África”, señaló.

“La guagua aérea” es uno de los textos de Sánchez que habla de la migración como un vaivén, como un viaje continuo que siempre vuelve a empezar. Reveló que “son muchos los puertorriqueños que viven fuera del territorio nacional; que el único Puerto Rico permanente es el Puerto Rico que va y viene; no hay el misterio del desplazamiento” sino que se presenta como un paseo cotidiano  donde la “salsa es el equipaje musical”.

La visión que presenta Sánchez de la diáspora es positiva porque le da sentido al Caribe y trae a la memoria la eliminación de fronteras, lo que se ve reflejado en su literatura al permitirle repensar la identidad, fortaleciendo el reconocimiento colectivo.

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