En contravía

reynaldo_tovar2Por Reynaldo Tovar Carrasquilla *

En buena hora el alcalde Manuel Vicente Duque expidió el pasado 26 de agosto los decretos 1267 y 1268 que adoptan la metodología y la política para la gestión de los riesgos de corrupción y de atención al ciudadano para el nivel central y desconcentrado de nuestro distrito. Dichas actuaciones se complementan con lo establecido en la Ley de Transparencia y del Derecho de Acceso a la Información Pública (Ley 1712 de 2014) y su decreto reglamentario 103 de 2015, que tiene por objeto regular el derecho, los procedimientosy garantías de acceso a la información pública en Colombia.

El mismo Decreto 103/15 expedido por el presidente de la República establece los temas relacionados con la gestión de la información pública en cuanto a su adecuada publicación y divulgación, la recepción y respuesta a solicitudes de acceso a esta, su adecuada clasificación y reserva y la elaboración de los instrumentos de gestión de información, así como el seguimiento de la misma.

Vemos hoy con preocupación que en el nivel desconcentrado de la Administración distrital, el cual tiene por objeto contribuir al mejoramiento de la seguridad, de la movilidad, de la vivienda, de la salud, del medio ambiente, de los bienes patrimoniales de la nación y de las alcaldías locales, entre otros, no se publica ni divulga efectiva ni oportunamente la información que exige la Ley, y en muchos casos, por no decir la mayoría, no responden de fondo las solicitudes de control social que ejercemos los ciudadanos, dejando en evidencia actitudes que vulneran derechos fundamentales e impidiendo el ejercicio de realizar un oportuno y efectivo control sobre sus actuaciones.

Existe amplia jurisprudencia de la Corte Constitucional y múltiples fallos sancionatorios de la Procuraduría General de la Nación que conceptúan que tales conductas de autoritarismo son por contrapartida lógica sancionables disciplinariamente. Pero el hecho más importante radica en que dichas prácticas y costumbres asociadas al desapego por el cumplimento de la Ley van -cada día más – tomando fuerza, constituyendo una cultura de disminución del respeto hacia ella y un perverso aprovechamiento de la Ley como instrumento para satisfacer intereses particulares que atentan contra una verdadera construcción social que favorezca la conveniencia y el desarrollo humano. O dicho de otra manera, contra la construcción de una Paz Sostenible y Duradera como la que tanto pregonan muchos y anhelamos todos los colombianos.

Es claro que dentro de las facultades de los alcaldes municipales y distritales está la de presidir los consejos y/o juntas directivas de los institutos descentralizados, razón por la cual le enviamos al mandatario de los cartageneros la recomendación respetuosa y formal para que se apersone de tales responsabilidades y no las delegue hasta tanto no estar bien enterado del funcionamiento administrativo, operativo y legal de las mismas, para que estos entes y funcionarios no vayan en contravía de lo que ha manifestado desde cuando era candidato: su disposición a trabajar denodadamente a favor de la transparencia y en contra la corrupción. Adicionalmente, y esta no es una razón menor, porque tales delegaciones no lo eximen de responsabilidad.

La delegación es un mecanismo justificado jurídicamente e irrenunciable desde el punto de vista de la gestión administrativa, pues sin la misma sería imposible el cumplimiento de sus fines misionales. Lo anterior implica, entonces, que no se puede obstaculizar la delegación por el simple hecho de que en algunas ocasiones se utilicen para consumar actos de corrupción. En todos los casos, lo que hay que propiciar es la búsqueda de mecanismos para sancionar a los delegantes que la manipulen como fundamento de actos incorrectos, y salvaguardarla cuando se emplee -como debe ser – como un instrumento eficaz para mejorar la gestión administrativa.

Todos esperamos que a la ciudad le vaya bien, y que podamos encontrar espacios de trasparencia y legalidad en todas las actuaciones del equipo de gobierno; que, como en el caso de la mujer del César, no solo sean honestos sino que lo parezcan; que vayan todos en su misma vía y no en contravía, que el alcalde tome de manera decidida las riendas de todo el gobierno para poder alcanzar una ciudad altamente productiva en lo económico, en lo político y en lo social.

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Dirigente cívico y político

 

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