De las torres de marfil a las calles por el Sí

luis torresPor Luis Torres Fernández *

Usando el lenguaje de Borges, invito a los cartageneros y bolivarenses en general a salir de sus torres de marfil y movilizarnos con decisión y entusiasmo por la posibilidad de un país en paz. Llegó la hora de que Colombia comience a escribir una historia diferente. Las generaciones actuales y las venideras tenemos derecho a vivir sin una guerra que no declaramos nosotros.

Gastaré unas cuantas letras en este espacio que nos ha abierto la Revista Metro para promover el Sí y las razones que para ello nacen desde nuestro territorio. No me interesa revisar, ni mucho menos responder, los argumentos que esgrimen los enemigos de la paz, porque ya está suficientemente demostrado que muchos son contradicciones y eufemismos que tienen como finalidad sembrar miedo y perpetuar el statu quo.

En los años más intensos del conflicto, en nuestro departamento se perpetraron múltiples masacres. Las de El Salao y Macayepo, quizás, son las más recordadas. Yo vivía en El Carmen de Bolívar para esta época y no creo que haya que hacer mucho esfuerzo para explicar lo duro y devastador que fue presenciar cómo familias enteras eran destruidas; cómo se acababa la vida en el campo y lo difícil que se convirtió estar en medio de una confusión de guerrillas, paramilitares y fuerza pública. La desesperanza se apoderó de muchos de los que vivimos esos tiempos. Quienes pudieron, salieron dejando sus fincas y casas abandonadas, lo cual fue caldo de cultivo para los despojadores de tierra.

Cuando mi padre fue asesinado en noviembre de 2003, en una vereda conocida como La Sierra, yo tenía 14 años. Eran los tiempos de la seguridad democrática del afamado presidente Uribe. Ese día mataron salvajemente a tres personas; fue una masacre; todas humildes y de origen campesino. Ya eran cerca de las 9 de la mañana y, llegando a casa, el llanto de mi mamá consumió mis palabras porque a través de una llamada telefónica le habían dicho que su pareja durante más de 20 años ya no iba a estar más a su lado. Fueron muchos días de silencio. El día del sepelio lo único que se me ocurrió fue escribir una pancarta que arrojé sobre el ataúd; decía ‘No más guerra’. Desde ese momento he deseado con toda mi alma que nunca más los niños sufran los embates de un conflicto que no conoce etnia, ni edad, ni género. Como yo, hay más de 120 mil personas registradas como víctimas en el departamento, pero podrían ser muchas más.

Hoy, 14 años después, me emociona enormemente tener la oportunidad de experimentar que la llama del conflicto se apague. La verdad, le doy gracias al presidente Santos por permitirme este momento. Muy a pesar de lo que muchos consideran, el jefe de Estado ha sido un hombre valiente. No comparto su pensamiento económico ni estoy de acuerdo con muchas de sus decisiones en otras materias, pero le reconozco que se ha atrevido a arriesgar su capital político para construir un país con sentido.

Sin odios ni resentimientos expreso mi opinión. Las Farc y el ejército no son los ganadores de estos episodios. Muchos hombres y mujeres de sus filas, enterrados y desaparecidos, lo confirman con contundencia. Los grandes ganadores de la guerra son los narcolatifundistas; esos que lavan con tierra, que despojaron millones de hectáreas o se aprovecharon del miedo de los nativos para comprarlas a precio de lenteja. Los que tienen en sus activos propiedades y multimillonarias cifras son los que hoy se prepararían para celebrar un eventual triunfo del No en el plebiscito.

Ellos están preocupados porque el primer punto de los acuerdos de La Habana implica hacer una reforma agraria que, complementada con el proceso de restitución de tierras, les devolverán a los campesinos sus derechos como propietarios sobre millones de hectáreas que les arrebató el despojo, en baldíos o en extinción de dominio. De acuerdo con el Superintendente de Notariado y Registro, Jorge Enrique Vélez, se han detectado 65 formas jurídicas para despojar tierras en Colombia.

Estos señores, aliados con sectores poderosos del atrasado capitalismo que se desarrolla en Colombia, son los que les dan carne al discurso del mayor líder del No: el expresidente Uribe. Por supuesto, también hay muchos colombianos decentes que se han dejado atrapar por este hábil político, que sabe que decir que no es muy fácil y atractivo en una sociedad fragmentada y con dificultades para la reconciliación.

Colombia, Bolívar y Cartagena debemos votar por el Sí en el plebiscito que deberá celebrarse en las próximas semanas porque las víctimas, que somos casi ocho millones, merecemos reparación integral con enfoque de género. En este capítulo, la verdad ocupa un lugar importante en los acuerdos. Los actores armados se han comprometido a confesar los delitos atroces cometidos en el marco del conflicto. Y por otra parte, las víctimas tendremos la enorme de oportunidad de sanar heridas y exigir garantías de no repetición.

Asimismo, la participación política es esencial para lograr territorio de paz. Por eso en La Habana se acordó estimular, reconocer y facilitar que la ciudadanía ejerza liderazgos e incidan en decisiones de las que, por muchas razones jurídicas y políticas, han sido tradicionalmente excluidos. No sólo es que las Farc hagan políticas sin armas, aunque este es uno de los pasos importantes que busca su desmovilización.

Y ésta, y a entrega de armas, se harán de forma progresiva y con el acompañamiento de las Naciones Unidas

Por todo ello, mi invitación es que nos movilicemos por la Sí. Esta campaña debe ser liderada por la ciudadanía, por las víctimas y por todos los sectores sociales. Tomémonos este momento de la historia y seamos protagonistas del mismo. La campaña del Sí debe ser alegre, colorida y libre tal como son la paz y la democracia.

A los que quieran trabajar por la reconciliación de los colombianos los convoco a que organicemos un comité ciudadano por la paz y la democracia, para que vayamos a los barrios, universidades y colegios a realizar la respectiva pedagogía.

Una vez más, mi exhortación es a que salgamos de nuestras torres de marfil a las calles de nuestras ciudades, pueblos y veredas.

Me declaro desde ya un soldado de la paz, y para ello les dejo mi correo: luentofe@hotmail.com. A través de mi Facebook: Luis Enrique Torres Fernández, y mi Twitter: @LuchoTorresFdz, también pueden contactarme.

 

* Politólogo, docente universitario y defensor de los Derechos Humanos

 

Contexto:

– Cartagena, ¡manos a la paz y a la reconciliación!

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