Cartagena, ¡manos a la paz y a la reconciliación!

luis torresPor Luis Enrique Torres Fernández *

El proceso de paz que se adelanta en La Habana, Cuba, y el próximo a iniciar con el ELN en Venezuela, son acontecimientos de vital importancia que marcarán de manera definitiva la vida política nacional; no sólo porque se abre la posibilidad de desescalar un conflicto de más de cinco décadas que, de acuerdo al registro nacional de víctimas, oficialmente cobra casi 8 millones de personas afectadas por algún hecho victimizante, sino que se podría empezar a eliminar el pretexto de darle prioridad a temas estratégicos como educación, salud, conocimiento, desarrollo agrario y política social, fundamentales para lograr que Colombia sea un país moderno, seguro y justo.

En ese sentido, todas las regiones y ciudades colombianas deben prepararse para aprovechar las oportunidades que representaría tener más recursos y políticas estructurales para transformar el modelo político, productivo y social que permita garantizar las condiciones de la denominada paz territorial. La academia, empresarios, organizaciones sociales y todas las expresiones diversas de la sociedad civil ejercerán coordinación y articulación con la institucionalidad, de tal manera que sean posibles nuevas dinámicas de una política de paz y postconflicto.

Cartagena de Indias ha sido históricamente receptora de excombatientes y víctimas del conflicto. En los años noventa miles de ciudadanos de Los Montes de María, el Magdalena medio y otras regiones afectadas por el conflicto migraron hacia esta ciudad, que de hecho ya era un territorio con serios problemas sociales sin resolver, los cuales al aumentar excesivamente su población se profundizan, presionando sus servicios públicos, infraestructura, productividad y seguridad. Adicionalmente, muchos de estos nuevos habitantes trajeron consigo inseguridad, sin ánimo de hallarles responsabilidad alguna, en la forma de crimen organizado heredero del paramilitarismo y maneras violentas de resolver conflictos. Se podría afirmar que el conflicto localizado a nivel rural se transformó en violencia urbana.

Si queremos que el postconflicto se traduzca en prosperidad, bienestar e implementación de políticas que nos ayuden a superar los problemas estructurales en nuestra región, los primeros en ser conscientes de que la paz no es algo exclusivo del presidente y el gobierno debemos ser nosotros, los ciudadanos. En nosotros recae una enorme cuota de responsabilidad para cerrar las puertas a la violencia y el odio y abrir las de la reconciliación y la convivencia pacífica.

El conflicto que queremos se termine en La Habana tiene su origen en gran medida en el sectarismo político. En este país nos cuesta aceptar al diferente y se volvió costumbre practicar la política de eliminar al otro, provocando las consecuencias que con vigor conocemos. Eso nos ha costado el silenciamiento de hombres y mujeres con gran compromiso y capacidad de lucha.

El conflicto nos ha dejado odio y sectarismo, llevándonos a cometer errores que nos han costado mucho como el de nunca elegir al gran revolucionario de la constituyente de 1991, Álvaro Gómez Hurtado, solo por ser hijo de expresidente Laureano Gómez, cuando aquel con creces dio ejemplos de pertenecer a una generación de cambio muy diferente al de su progenitor. No fuimos capaces de reconciliarnos con este líder renovado y se lo llevaron las balas del odio que ordenaron disparar los señores de la guerra, cometiendo un magnicidio aún impune como casi todos los que han ocurrido en este país. Una vez más demostramos que no sólo las armas han enviado a muchos líderes al pelotón de fusilamiento; también lo ha hecho nuestra indiferencia.

En mi calidad de víctima directa del conflicto, por el asesinato de mi padre a manos de un grupo armado en los Montes de María, me atrevo a proponerle a Colombia que le demos un chance a la paz primero en nuestro pensamiento y luego en nuestras decisiones. Debemos contemplar la posibilidad de reconciliarnos y trabajar con todos aquellos que hemos considerado enemigos, si éstos están dispuestos ayudar en la reconstrucción del tejido social. Esto incluye no sólo a los futuros excombatientes sino a exmilitares, empresarios y políticos que se deben someter a esta idea de cambio por una nueva Colombia.

 

* Politólogo, profesor universitario y activista por la paz.

E-mail: luentofe@hotmail.com – Twitter: @LuchoTorresFdz

 

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